Es consecuencia de la aducción forzada del pie, que suele causar el desgarro de los ligamentos externos del tobillo. En función de la gravedad de dicho desgarro podemos hablar de diferentes grados lesionales. En esta ocasión nos referiremos a la más habitual, la de grado 0, que al no precisar intervención quirúrgica ni inmovilización, puede ser tratada de forma más inmediata por parte del recuperador deportivo.